“Dios sabe que somos artistas de la vida.
Un día nos da un formón de escultor,
otro nos da pinceles y un lienzo,
otro, una pluma para escribir.
Pero nunca lograremos usar el formón en lienzos,
ni la pluma en esculturas.
A cada día, su milagro.”

Paulo Coelho

Hoy Dios me dio una pluma para permitirle a mi corazón ponerle palabras a todo lo que tiene adentro!

16 noviembre, 2010

El Alpinista

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua inició su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros.




Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar a la cima, le oscureció.

La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.

Subiendo por un acantilado, a sólo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires... caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.

Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida, él pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos... Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.

En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar:


- "Ayúdame Dios mío...”

De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó:

- "¿Qué quieres que haga?"

- "Sálvame Dios mío "

- "¿Realmente crees que te pueda salvar?”

- "Por supuesto, Señor "

- "Entonces corta la cuerda que te sostiene..."

Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más aún a la cuerda...


Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda... a dos metros del suelo...

... ¿Y tú?... ¿Qué tan aferrado estás a tu cuerda? ... ¿Por qué no la sueltas?


Autor desconocido



Dedicado a una personita muy especial, que llevo en lo más profundo de mi corazón. Para que simplemente piense que a veces la respuesta es "soltarse"!


Vivi





4 comentarios:

Sarvavita dijo...

Muchas veces somos como este alpinista!!
El otro día leía algo así "vive el presente, el aquí y ahora no te preocupes por el mañana en que tendras y cuanto tendras, por que el no confiar, es dudar de lo que Dios tiene para nosotros"

El la vida nos apegamos a los miedos, hay que confiar, vivir y aflojar esos miedos.
Besos, me alegra mucho volver a leerte!

Verónica dijo...

siempre que lo leo me ayuda a mantener a fe y las esperanzas, tengo a dios muy presente y se que el no me dejaria soltarme si sabe que estoy a muchos metros del suelo.

espero que esa personita aprenda que a veces es bueno escuchar y soltarse

gracias vivi hacia tiempo que no lo leía y me gusta mucho

besitos

Verónica

Ana Belén dijo...

Hola Vivi, me ha venido muy bien leer este cuento. Precisamente estoy pasando un momento en mi vida en el que tengo que soltar... y no me termino de atrever a hacerlo...
Sarvavita tiene razón "... el no confiar es dudar de lo que Dios tiene para nosotros"
Me voy de tu espacio fortalecida y con las ideas un poco más claras;)
Gracias!
Saludos

Soñadora dijo...

Que difícil es soltarnos de tantas cuerdas a las que nos solemos aferrar. Es necesario abandonarnos realmente a El para lograrlo.
besitos,