“Dios sabe que somos artistas de la vida.
Un día nos da un formón de escultor,
otro nos da pinceles y un lienzo,
otro, una pluma para escribir.
Pero nunca lograremos usar el formón en lienzos,
ni la pluma en esculturas.
A cada día, su milagro.”

Paulo Coelho

Hoy Dios me dio una pluma para permitirle a mi corazón ponerle palabras a todo lo que tiene adentro!

25 agosto, 2010

Ese Café

Ella revolvía tu taza de café en el bar mientras lo esperaba. Había pasado media hora y empezaba a inquietarse. Todo iba bien entre los dos, la química, la conexión, las ganas de empezar a caminar juntos.

Él era todo lo que ella esperaba en un hombre, y de alguna forma sabía que sus sentimientos hacia ella eran los mismos.


Una hora había pasado, el cafe frío, el corazón dando saltos y ninguna respuesta.

El mozo apenado le ofreció otra taza de café caliente. Pero ella apenas si alcanzó a escuharlo, inmersa en tantas preguntas sin respuesta.

Toda la tarde pasó esperándolo, él no apareció y hasta se había marchado de la ciudad. Sin decir nada, sin explicaciones, sin una despedida y sin jamás volver a contactarla.

Los años pasaron y nunca más volvieron a saber uno del otro. Hasta que un día, sin pensarlo el destino volvió a cruzar sus pasos y volvieron a encontrarse.

Ese día, el del café él no consiguió encontrar el valor para perderse en los ojos de ella. Esos ojos magnéticos, que si miraba una vez más sabría que caería para siempre en su hechizo, para nunca más poder apartarse.

Él estaba en la cúspide de una prestigiosa carrera y el miedo, el pánico de perderlo todo y convertirse en un hombre común de familia lo empujó, lo obligó a huír, a alejarse, a emprender una vida en soledad. En exitosa soledad.

Ahora bien, ese día, el del encuentro, siendo los 2 ya maduros muchas cosas pasaron por las mentes de ambos. Aunque sólo a él se le paró el corazón en el instante en que la vio.

Ella se había casado con un prestigioso científico, de reconocimiento a nivel mundial. Y había pasado su vida a su lado, apoyándolo, alentándolo y ayudándolo en lo que estuviera a su alcance. Con amor, ternura y mucha admiración.

Y él vio esos ojos, esos ojos que años atrás no queria volver a ver por miedo a perderse. Y ahora en la cúspide de su carrera se encontraba solo, absolutamente solo. Y al verla a ella se despertaron en él sentimientos que tenía olvidados, enterrados en el fondo de su corazón, dormidos.

Él la vio hermosa, radiante, incluso con el paso de los años, seguía viendo a la joven de 20 años que le robó el corazón. Y viéndola feliz, satisfecha con su vida, completa con el paso del tiempo supo que la había perdido para siempre.

El encuentro fue fugaz y pudieron tomar ese café juntos 20 años después. Se pusieron al día y compartieron experiencias y anécdotas. Rieron y disfrutaron como si el tiempo no hubiera pasado.


Pero el tiempo sí había pasado....

Después de ese día nunca más volvieron a verse. Y como él siempre temió quedó atado a sus ojos para siempre. Preguntándose hasta el último día de su vida cómo hubiera sido su vida si ese día hubiera tomado ese café con ella.

Ella había logrado olvidarlo... él a ella no...

Vivi

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