Un día su maestro lo abandonó. Lo abandonó sin más, al comienzo de un camino que lo iba a llevar a una vida más feliz, más plena, con más paz. Un camino que le iba a cambiar su vida para siempre.
Y así, sin avisar, sin un adiós, sin una nota de explicación su maestro desapareció y lo dejó solo.
El discípulo se sintió muy confundido, este camino se le había abierto, tenía todo el entusiasmo para recorrerlo y ahora, solo no sabía por dónde empezar.
Al principio sintió tristeza, su maestro era mucho más que su maestro. Era su amigo, su compañero, fue su hombro muchas veces, sus brazos, la fuente de su viaje hacia adentro. Fue alguien con quien compartió muchos gratos momentos, alguien que no deseaba perder.
Después sintió bronca, con el camino abierto prometiéndole tantas cosas. Consigo mismo por no saber cómo hacer para recorrerlo, con su maestro por haberle sembrado la semilla del entusiasmo de este nuevo transitar para luego abandonarlo y con las circunstancias por no entenderlas.

Y así pasaron los años... el discípulo se decidió por recorrer ese camino, solo. Tropezó muchas veces, vaciló otras tantas. Muchas veces quiso abandonarlo, de hecho varias veces lo hizo para retomarlo nuevamente, más adelante.
De a poco, con mucho esfuerzo fue dejando sus huellas detrás de sus pasos y fue avanzando.
Un día, después de muchos años el discípulo se encontró con su maestro. Los años habían pasado para ambos, pero la paz ahora la compartían.
- Por qué te fuiste? Por qué me abandonaste? - preguntó el discípulo.
- Porque no me necesitabas - dijo el maestro.
- Claro que sí, estaba empezando un camino, entusiasmado, motivado y sin siquiera habiéndolo empezado a recorrer te fuiste.
- Te enseñé todo lo que necesitabas.
- Claro que no, tu sabiduría es muy grande y estoy seguro de que me hubiera servido mucho tenerte a mi lado, aunque sea por más tiempo.
- Dime algo. Encontraste lo que buscabas? - preguntó el maestro.
- Sí, pero sufrí mucho. Necesité esfuerzos extras para...
- Aprendiste a cambiar tu vida y tu destino? - Interrumpió el maestro.
- Sí, pero si hubiera tenido ayuda quizás yo...
- Encontraste esa paz que tanto anhelabas? - le preguntó el maestro.
- Sí.... dijo pensativamente el discípulo.
- Ves? - dijo el maestro. - No me necesitabas.
Su corazón ya se encontraba sereno, después de todos esos años de entrenamiento. Pero después de haberse reencontrado con su maestro, su corazón se encontró finalmente agradecido.
Vivi
4 comentarios:
Es difícil decidir cuando es el momento de andar sólos, y por otra parte, para el maestro tampoco es fácil apartarse en el momento apropiado. Muy buen mensaje Vivi.
Besitos,
A veces para que un discípulo avance y se atreva a enfrentar la vida, el maestro necesita estar lejos de él. Para que así pueda aplicar las enseñanzas y poder crecer más.Si el maestro esta siempre con el discípulo, dificilmente conocerá su propia capacidad.
Este cuento se puede llevar a varios puntos profundos y maravillosos!
Muy linda elección.
Qúe sensación te dió a ti?
Besos.
Soñadora seguramente son decisiones en momentos dificiles. Pero bueno, soy de pensar que siempre las cosas se dan por algo, todo tiene su razon de ser, y seguro que son para bien!
Besitos
Sarvavita este cuento es mio, y lo escribi en base a una experiencia personal.
Aun no llegue al final de ese camino, de hecho aun lo estoy empezando pero no pierdo las esperanzas de que o lograre.
Besitos
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