Aquí otra historia de amor...

A diario se sentaba
frente al mar y observaba.
Su amor había partido
con la promesa de volver.
Ella le dijo que no lo esperaría
pero su corazón buscó otro camino
más doloroso, más solitario,
más melancólico.
Porque en el fondo sabía
que su corazón
ya no le pertenecía,
se había ido con ese amor.
Porque en el fondo
ella sabía
que esa promesa
nunca se cumpliría.
A su lado, también a diario
se sentaba él, su amigo.
Su compañero de toda la vida,
su cómplice, su hombro para llorar.
Él en silencio la amaba,
admiraba su belleza y su fuerza,
su melancolía y su soledad
y la alegría con que la recordaba.
Si tan sólo ella lo mirase,
ver lo que su corazón esconde,
lo que su silencio calla,
lo que a diario sufre... por ella.
Al mirarla,
desperdiciar su juventud,
su vida, su futuro,
su anhelo de volar.
Él hubiera dado el mundo
por ella, por verla sonreír,
porque coincidieran sus ojos,
porque coincidieran sus caminos.
Pero así los años pasaron.
Ella dejó de mirar el mar
y él de sentarse a su lado.
Era demasiado doloroso... para ambos...
Ella nunca pudo mirar sus ojos,
los de él.
Él nunca pudo mirar otros ojos,
sólo los de ella.
Y así envejecieron,
solos
pero acompañados
y con el corazón roto.
Vivi

A diario se sentaba
frente al mar y observaba.
Su amor había partido
con la promesa de volver.
Ella le dijo que no lo esperaría
pero su corazón buscó otro camino
más doloroso, más solitario,
más melancólico.
Porque en el fondo sabía
que su corazón
ya no le pertenecía,
se había ido con ese amor.
Porque en el fondo
ella sabía
que esa promesa
nunca se cumpliría.
A su lado, también a diario
se sentaba él, su amigo.
Su compañero de toda la vida,
su cómplice, su hombro para llorar.
Él en silencio la amaba,
admiraba su belleza y su fuerza,
su melancolía y su soledad
y la alegría con que la recordaba.
Si tan sólo ella lo mirase,
ver lo que su corazón esconde,
lo que su silencio calla,
lo que a diario sufre... por ella.
Al mirarla,
desperdiciar su juventud,
su vida, su futuro,
su anhelo de volar.
Él hubiera dado el mundo
por ella, por verla sonreír,
porque coincidieran sus ojos,
porque coincidieran sus caminos.
Pero así los años pasaron.
Ella dejó de mirar el mar
y él de sentarse a su lado.
Era demasiado doloroso... para ambos...
Ella nunca pudo mirar sus ojos,
los de él.
Él nunca pudo mirar otros ojos,
sólo los de ella.
Y así envejecieron,
solos
pero acompañados
y con el corazón roto.
Vivi
6 comentarios:
A veces por miedos e inseguridades se pierde la oportunidad de ser feliz, creo que las cosas son mejor intentarlas que morir en el intento.
pero con la conciencia que tal vez pueda haber un no y ser capaces de aceptarlo.
Besos.
que bonito! me dejo algo triste
besitos
Ay Vivi, que historia tan triste, quien sabe si ella lo hubiera mirado....o él se hubiera atrevido a hablar....
Besitos,
Sarvavita siempre es mejor intentar y fallar, a no intentar y quedarnos con ese sabor amargo el resto de la vida, preguntandonos que hubiera pasado si no hubieramos tenido tanto miedo!
Besos
Vero gracias!! Si es un poco triste!
Besos
Soñadora gracias! Si es una historia triste para pensar, justamente en esos dos puntos!
Hay que ser capaz de mirar más allá, y tambien hay que ser capaz de hablar y expresar nuestros sentimientos!!
Besos
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